BRUSELAS: UN AÑO MÁS TARDE

¡Hola amig@s! Hoy me toca hablar de Bruselas, porque hace un año y poco estábamos pateando sus calles, y recordar lo bueno de esta vida (como viajar) cuesta muy poco y no está de más.

Comenzamos nuestro recorrido desde la estación Gare du Midi, situada al sur de la ciudad. A pesar de la temperatura tan agradable (nótese la ironía) nos tocó andar alrededor de media hora con las maletas para llegar al Sleep Well Youth Hostel. La verdad que las habitaciones estaban fenomenal e incluía el desayuno (gracias a Dios, porque por las mañanas soy de las personas que tienen más hambre que un maestro escuela). A continuación de dejar la maleta nos pusimos manos a la obra, íbamos a visitar la ciudad en poco más de dos días, ya que el resto de días estaban reservados para ir a Gante y Brujas.

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Grand Place (vía Jesús Sánchez)

En primer lugar fuimos al centro de Bruselas, la Grand Place, y he de afirmar que es uno de los lugares más sobrecargados con su estilo barroco que he visto. No me extraña que la califiquen como una de las plazas más bonitas de todo el mundo.

Más tarde bajamos la calle en busca del Manneken Pis, y descubrimos que se trata de una estatua muy pequeña. He de decir que me esperaba algo un poco más grande, pero las risas y las fotos repararon la desilusión inicial. Algo que llamó mi atención fue un enorme mural de Tintin en el lateral de un edificio de tres plantas, cuando bajábamos la calle para ver la estatuilla. Estuvimos en la tienda oficial de Tintin y, si ya me gustaba, esta vez salí enamorado, ¡adoro este personaje! ¡Y ya a Milú ni te cuento!

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Mural de Tintin en una escalera anti-incendios (vía Jesús Sánchez)

Si sois golosos, hay algo que debéis de probar en Bruselas o en cualquier lugar de Bélgica. ¡Los gofres! Ni os imagináis lo buenos que podían estar con su chocolate/nutella/nata que le ponían encima. Yo me atiborré a ellos cuando estuve allí. Si quieres comer sano, olvídate de Bélgica, no es lo suyo. Ahora, también cabe destacar los mejillones con patatas fritas para aquellos que no seáis amantes de lo dulce, además de las más de 400 cervezas nacionales que se fabrican en este pequeño país. He de deciros que es un poco caro en lo referente a la gastronomía.

Durante el día siguiente visitamos el Atomium, y algunos lugares de renombre, como el Palacio Real y la plaza de la Bolsa. Además probamos diferentes tipos de las cervezas anteriormente mencionadas, y la cerveza negra era sin duda la que más me agradó. Las cervezas rubias tenían un sabor muy diferente al que estoy acostumbrado, ligeramente menos amargo pero con otro sabor que no podría explicarlo, ¡tendríais que probarlo vosotros mismos para entenderme!

También estuvimos presentes en la plaza de la Monnaie, donde se estaba librando un combate de boxeo a pleno aire libre, en un cuadrilátero ubicado en el centro de la plaza. En esta plaza suelen realizar muchos eventos, aunque he de decir que nos sorprendió a todos.

Al anochecer fuimos a dar otra vuelta. Pude ver la estatuilla de mujer meando, Jeanneken Pis, ubicada al fondo de la calle donde se ubica el Delirium Café, donde acabamos entrando (y he de decir que había ambientazo). Esta mítica sala estaba a reventar, y de fondo sonaba el temazo de Drake, Controlla. Allí conocimos a unas chicas de Erasmus que nos recomendaron beber Delirium Red, una cerveza hiper rara que sirven en pocos sitios, fermentada con cerezas, y de granate. Era dulzona, pero estaba buena, la verdad.

La verdad es que la ciudad tiene un ambiente agradable y desenfadado, aunque un poco apagado, imagino que como todas las ciudades que se encuentran al norte de Europa, ya que anochece súper pronto, pero merece la pena visitarlo.

Para finalizar nuestra estancia y nuestro viaje, nos tomamos una buena copa de vino tinto de Burdeos en un restaurante muy pintoresco y llamativo, llamado Drug Opera y situado en Rue Grétry 51.

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Atomium (vía Jesús Sánchez)

“Todavía recuerdo aquel paseo con maleta hasta el hotel, también cuando nos perdimos en aquella estación. Grabada a fuego tengo aquella noche en el tejado de aquel edificio gris: todos en pijama, abrigo y cerveza en mano, charlando hasta las tantas y sin importar nada más que el aquí y el ahora”.

 

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YO TAMBIÉN SUFRÍ JET LAG

¡Muy buenas viajer@s! Hoy, mientras me pegaba el madrugón padre como todos los días, he recordado la sensación tan extraña que dejó en mi cuerpo el jet lag, haciendo que me despertara a las 5:00 AM, ¡más fresco que una lechuga!

Ahora, esto es un inconveniente más que una ventaja, ya que a estas horas tan altas de la madrugada no hay nada abierto (a no ser que te levantes con ganas de juerga y te vayas a desayunar un par de copas). En definitiva, es algo a evitar si nos es posible y si queremos ir a destinos lejanos y exóticos (o no tanto), y que inevitablemente nos tendremos que enfrentar a este atroz enemigo del viajero.

Por ello, hoy me he dedicado a enumerar una lista de consejos que a lo mejor os resultarán prácticos para vuestros viajes transatlánticos, aunque como quien dice, que para gustos, los colores:

  1. Comer ligero y mantenerte bien hidratado durante todo el viaje.
  2. Ajustar el reloj y el horario a la zona de destino una vez dentro del avión (antes de que este despegue, al principio del viaje).
  3. Hacer deporte el día anterior al viaje, para generar mayor cansancio físico a tu cuerpo.
  4. Duerme en el avión. Pero esto a veces puede ser complicado debido a que dependemos de las horas de sueño que hayamos tenido durante la noche anterior al vuelo.
  5. Si quieres dormir como un lirón en el avión, os cuento el consejo más arriesgado: no pegar ojo en la noche anterior al viaje, o dormir el mínimo número de horas posibles.

¿Queréis saber por qué es tan arriesgado el último de todos los consejos? Porque yo lo seguí a pies juntillas, y resulta que al final me dormí 3 horas… y casi duermo más. Si no hubiera contado con la maravillosa intervención de mi padre (gracias papá, hay cosas que no están pagadas), seguramente habría perdido el avión que más tarde me dejaría en mi destino (¡y casi me lo pierdo!). Así que si sois valientes y seguís este último consejo que os doy, no me hago responsable, pero tener ojo con el despertador porque a mí me sonó, pero ni me enteré.

Embarque al anochecer (vía Pexels)

Espero que os lo paséis tan bien leyendo este post, como me lo he pasado yo al recordar que necesito más horas de sueño que un koala para estar bien despierto. ¿Y vosotros conocéis algún consejo más? ¡Contadme vuestras experiencias con el jet lag aquí abajo! ¡Un saludo y hasta la próxima amig@s!

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VIAJE A NUEVA YORK: MIDTOWN

¡Seguimos compañer@s! Esta vez contaremos todo lo que nos sucedió entre las calles 14st y 59st: en definitiva, en el “Midtown” de Manhattan. Todo lo que se comprende entre estas calles, como el Empire State, Times Square y miles de lugares más conforman el corazón de esta ciudad tan asombrosa. Cuando paseas por sus calles, realmente te sientes de película, y nunca mejor dicho: debido a la cantidad de filmes que hemos visto, todo te resulta conocido o familiar, ¡aunque no hayas estado nunca antes en Nueva York!

Comenzaré diciendo que bajamos del autobús habiendo pasado el Muro del norte en Juego de Tronos… ¡Qué frío hacía, no sentía ni las manos! En realidad, aterrizamos en la estación Grand Central Terminal (y yo me dejé los guantes en casa. Si no lo he dicho antes, la memoria no es lo mío) y nos dirigimos directamente al hotel. Una vez instalados comenzamos a explorar las cercanías de nuestro alojamiento, situado en la 31st. Al ser invierno, anochecía súper pronto, pero aquella noche vi por qué llaman a Nueva York la ciudad de las luces. Al fondo de la Avenida de Broadway , a la altura de la 42st, siempre esta iluminado, como si el mismo sol hubiera dejado un poco de su energía para este espacio tan reducido. Se trata de Times Square, la primera parada de nuestro viaje, no podéis imaginar el contraste tan brutal de luces y gentes existe en el lugar ¡Es francamente genial! Parece que entras en un videoclip de Alan Walker en directo.

¡Un poco más arriba, está el mejor restaurante al que he podido ir en Nueva York, al menos el más original! Se trata del Ellen’s Stardust Diner. Aquí probarás una especie de patatas fritas que están buenísimas, la típica hamburguesa estadounidense y para redondear la situación… ¡los camareros cantan! Ambientado en los años 50, el rollo que tienen es súper entretenido y original, es relativamente caro (dos personas alrededor de unos 60$) pero os aseguro que por el espectáculo merece la pena.

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Empire State Building desde el observatorio Top of the Rock (vía Jesús Sánchez)

Tras una buena comida y un rato de diversión, tocaba subir a un rascacielos: esta vez era el observatorio “Top of the Rock” y aunque seguro que ya os lo imaginábais… ¡Vaya vistas! Increíble la ciudad vista desde lo alto. Una fina capa de humo se cernía sobre sus calles, dotando al paisaje de un tono fantasmal bajo la luz diurna. Todos los rascacielos acristalados, enormes, devolvían los destellos del sol como si de guiños de ojos gigantes se tratasen. Eso sí, ¡corría un viento del norte que te dejaba en el sitio si te descuidabas!

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Edificio Flatiron desde el Empire State (vía Jesús Sánchez)

También estuvimos en el Empire State, y es otra de las atracciones de la ciudad que merece la pena visitar. Este es el rascacielos más antiguo y emblemático de la ciudad. Uno de los edificios más representativos del movimiento Art Déco, desde el 1931 que se terminó de construir, hasta el 1972, fue el edificio más alto de Nueva York, con sus 443 metros de altura.

Vi un partido de los New York Knicks contra los Milwaukee Bucks en el Madison Square Garden; este partido tuvo muchas acciones claves que han sucedido esta temporada en la liga de baloncesto estadounidense.

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Knicks – Bucks (vía Jesús Sánchez)

Lo detallaré en otro post seguramente, pero lo importante es esto: cumplí un sueño que tuve desde pequeño, que era cruzar el charco para ir a los Estados Unidos y ver un partido de la NBA. Solo os puedo adelantar que el ambientazo es increíble, para todo aquel que le guste el baloncesto es una experiencia única, y para el que no, le encantará el espectáculo que se monta.

A todo esto, cada vez que teníamos demasiado frío en el cuerpo hacíamos una parada en cualquier Starbucks a tomar un café macchiato o un buen chocolate caliente, que como se suele decir aquí en España, ¡pegas una patada a un canto y salen cuatro cafeterías de estas! ¡Había uno en cada esquina! (y el WI-FI les funciona francamente bien).

En definitiva, he de añadir que mi parte favorita de la ciudad fue esta. Tiene un contexto inigualable. El Midtown es la zona más histórica de Manhattan, y por tanto, de toda Nueva York. El ambiente me recordó mucho a la típica peli neoyorquina de los 50… un invierno duro, alcantarillas de las que salían bocanadas de humo, gente refugiándose en pubs acompañados de luces tenues, donde suena de fondo el jazz y el blues.

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