BUCEO EN CALPE

¡Muy buenos y veraniegos días amig@s! Hoy vengo a hablaros de un hecho realmente interesante (al menos para mi persona en particular) y tiene que ver con una experiencia bajo el mar (¡y no, no fue hacer pis en la playa!): se trata de mi bautizo y primera clase de buceo en las costas que bañan Calpe y su famoso Peñón de Ifach.

Fíjate tú como son las cosas, nunca en mi vida había pensado en bucear, porque creí que no sería capaz de mantener una respiración constante con una bombona a la espalda sin utilizar la nariz, y además nunca antes me llamó la atención. Sin embargo, después de esta experiencia solo puedo afirmar que estaba equivocado, tanto en lo primero, como en lo segundo.

En primer lugar, avisaros que lo que encuentras debajo del mar no tiene que ver con nada que hayas visto por encima de la superficie. Es como entrar en otro mundo totalmente distinto. Lo que parecen algas bajo el agua se convierten en enormes arbustos y algún resto de lo que fueron antiguas embarcaciones. Peces de colores azules eléctricos y amarillo fosforito (sí, parecían parientes de Dori). ¡Estrellas de color rojo intenso e incluso un mini-pulpo que nos escupió tinta a la cara!

A todo esto, realicé estas actividades gracias al centro de buceo Les Basetes, ubicado en la costa de Benissa, en Alicante. Son unos grandes profesionales y como tales te enseñan a ser autosuficiente debajo del agua. El bautizo y una experiencia cerca del peñón valen 85€ con el alquiler del equipo y te ocupa toda la mañana. Creo que son de los mejores 85€ invertidos de mi vida.

Durante el bautizo nos enseñaron a solucionar los problemas básicos y más peligrosos que pueden causarte mayores incomodidades, por decirlo de manera más suave. Entre ellos entraba una situación en la que perdías la boquilla a través de la cual respiras, otra en la que se te metía agua dentro de las gafas de buzo, aprender a comunicarse a través de señales, etc. Durante este primer bautizo, realizado cerca del centro, estuvimos a unos 6 metros bajo el nivel del mar, la segunda se realizó al lado del peñón de Ifach, a unos 10-11 metros de longitud bajo el mar. Durante la primera experiencia, vimos una estrella de mar increíble, y el famoso mini-pulpo que roció de tinta al monitor que nos guiaba.

Estrella de mar (vía Les Basetes)

En nuestro segundo particular asalto, nos tiramos de la barca en la que nos trasladaron más lejos de la costa de espaldas. Yo perdí la aleta izquierda tres veces, pero logré apañármelas para que esto no fuera un impedimento a la hora de sumergirme. He de advertiros que durante el descenso debes hacerlo de manera pausada y con cuidado por la presión que sufren los oídos (os lo digo yo, que sentí como si me los hubieran pinchado cuanto más abajo llegaba y tuve que aguantar dos minutos antes de descender por completo). En este caso, es muy necesaria la maniobra de Valsalva, que se trata de pinzarte la nariz obstaculizando la salida de aire para que este se acumule dentro del oído medio, y así regularizar la presión exterior con la interior (como cuando te tirabas a la piscina con la nariz tapada, seguro que eso sí que lo has hecho).

El truco cuando estás allí abajo es respirar con total normalidad, como si estuvieras en la superficie, pero a través de la boca. De esta manera ahorras oxígeno de la botella.

Bautismo en buceo (vía Les Basetes)

Cuanto más abajo estás, lógicamente más oscuro está el mar, salvo unos peces de color azul eléctrico con líneas amarillas un tanto fluorescentes. Desafortunadamente, no tengo fotos de estos últimos, pero me parecieron espectaculares. Una vez se acabó la experiencia, solo me quedó la espinita de no sacarme el curso completo. Y todo esto es gracias a las ganas contagiosas de las personas adecuadas, con las que aprendes que los límites que te impones están para saltártelos.

Amig@s viajeros, os aseguro que es una experiencia única, y no dudaría en repetir ni un solo instante. ¡Que el calor (o el frío, nunca se sabe en este planeta) os sea leve!

Debajo del mar – y ponle la banda sonora de la sirenita-  (Vía Jesús Sánchez)

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ÍNTIMO

Me gustaría poder explicar mis sentimientos, pero cada vez me resulta más complicado. Si miro con ojos del pasado, mi presente me daría vértigo. Crecer, dicen. Madurar, afirman. Pero me he dado cuenta que todos los adultos llegamos a tener la misma edad. Y ahí nos quedamos. Los ídolos se hicieron humanos, los ejemplos dejaron de serlo, mis padres dejaron de tener la razón siempre. Pero eso no nos hace malos, sino todo lo contrario: nos hace infinitamente mejores. Cumplir años no implica envejecer. Y eso es nuestro talismán. Hay un niño dormido dentro de todas y cada una de las personas que habitan este mundo.

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LLueve sobre mojado (vía Jesús Sánchez)

El mundo se normaliza bajo nuestra mirada ignorante, la magia de la infancia se pierde. Obviamos todo lo que vemos sin pensar en lo increíble que es aquello que nos rodea. Quieren que nos acostumbremos a las rutinas, matarnos poco a poco, eliminando nuestra creatividad y nuestro poder de autodeterminación: Hacernos fríos como el hielo y duros como piedras. Sobreponer el (su) deber (beneficio) al sentir. Ante todo la etiqueta y la parafernalia.

El teatro que montan es cojonudamente entretenido, pero que no te engañen, eso no es vida. A la larga sentirás el vacío y que la persona que te devuelve la mirada ante el espejo, es un extraño. En nuestras manos está escoger entre el pensamiento gris “otra vez estamos a lunes” o pensar que con cada día nace una nueva oportunidad para demostrar que se equivocan, que esto no es todo, que aquí no acaba nada. Suena utópico, pero tu actitud definirá tu forma de afrontar la (tu) vida.

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Metrópolis, Madrid (vía Jesús Sánchez)

Como bien dice Chaman en su tema Outro en su nuevo disco, Arousal:

“Que la vida te traiga victorias, que seas la persona que quieras
la riqueza más pulcra y más plena está en tu cabeza y no en tu cartera
Existe una gran diferencia entre rumbo y sentido, entre amigo y colega
luna llena alumbrando esta cena, sentaditos al lado de la hoguera.”

La vida es un maravilloso directo, constante mezcla de aciertos y errores, tristezas y alegrías, libertades y limitaciones. Hazla tuya, vívela como tú solo sabes que puedes hacerlo. Nadie lo hará por ti. Yo hace tiempo conocí a la constancia, y desde entonces intento caminar por su sendero. Ahora te toca pensar a ti. Feliz día, amig@.

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BRUSELAS: UN AÑO MÁS TARDE

¡Hola amig@s! Hoy me toca hablar de Bruselas, porque hace un año y poco estábamos pateando sus calles, y recordar lo bueno de esta vida (como viajar) cuesta muy poco y no está de más.

Comenzamos nuestro recorrido desde la estación Gare du Midi, situada al sur de la ciudad. A pesar de la temperatura tan agradable (nótese la ironía) nos tocó andar alrededor de media hora con las maletas para llegar al Sleep Well Youth Hostel. La verdad que las habitaciones estaban fenomenal e incluía el desayuno (gracias a Dios, porque por las mañanas soy de las personas que tienen más hambre que un maestro escuela). A continuación de dejar la maleta nos pusimos manos a la obra, íbamos a visitar la ciudad en poco más de dos días, ya que el resto de días estaban reservados para ir a Gante y Brujas.

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Grand Place (vía Jesús Sánchez)

En primer lugar fuimos al centro de Bruselas, la Grand Place, y he de afirmar que es uno de los lugares más sobrecargados con su estilo barroco que he visto. No me extraña que la califiquen como una de las plazas más bonitas de todo el mundo.

Más tarde bajamos la calle en busca del Manneken Pis, y descubrimos que se trata de una estatua muy pequeña. He de decir que me esperaba algo un poco más grande, pero las risas y las fotos repararon la desilusión inicial. Algo que llamó mi atención fue un enorme mural de Tintin en el lateral de un edificio de tres plantas, cuando bajábamos la calle para ver la estatuilla. Estuvimos en la tienda oficial de Tintin y, si ya me gustaba, esta vez salí enamorado, ¡adoro este personaje! ¡Y ya a Milú ni te cuento!

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Mural de Tintin en una escalera anti-incendios (vía Jesús Sánchez)

Si sois golosos, hay algo que debéis de probar en Bruselas o en cualquier lugar de Bélgica. ¡Los gofres! Ni os imagináis lo buenos que podían estar con su chocolate/nutella/nata que le ponían encima. Yo me atiborré a ellos cuando estuve allí. Si quieres comer sano, olvídate de Bélgica, no es lo suyo. Ahora, también cabe destacar los mejillones con patatas fritas para aquellos que no seáis amantes de lo dulce, además de las más de 400 cervezas nacionales que se fabrican en este pequeño país. He de deciros que es un poco caro en lo referente a la gastronomía.

Durante el día siguiente visitamos el Atomium, y algunos lugares de renombre, como el Palacio Real y la plaza de la Bolsa. Además probamos diferentes tipos de las cervezas anteriormente mencionadas, y la cerveza negra era sin duda la que más me agradó. Las cervezas rubias tenían un sabor muy diferente al que estoy acostumbrado, ligeramente menos amargo pero con otro sabor que no podría explicarlo, ¡tendríais que probarlo vosotros mismos para entenderme!

También estuvimos presentes en la plaza de la Monnaie, donde se estaba librando un combate de boxeo a pleno aire libre, en un cuadrilátero ubicado en el centro de la plaza. En esta plaza suelen realizar muchos eventos, aunque he de decir que nos sorprendió a todos.

Al anochecer fuimos a dar otra vuelta. Pude ver la estatuilla de mujer meando, Jeanneken Pis, ubicada al fondo de la calle donde se ubica el Delirium Café, donde acabamos entrando (y he de decir que había ambientazo). Esta mítica sala estaba a reventar, y de fondo sonaba el temazo de Drake, Controlla. Allí conocimos a unas chicas de Erasmus que nos recomendaron beber Delirium Red, una cerveza hiper rara que sirven en pocos sitios, fermentada con cerezas, y de granate. Era dulzona, pero estaba buena, la verdad.

La verdad es que la ciudad tiene un ambiente agradable y desenfadado, aunque un poco apagado, imagino que como todas las ciudades que se encuentran al norte de Europa, ya que anochece súper pronto, pero merece la pena visitarlo.

Para finalizar nuestra estancia y nuestro viaje, nos tomamos una buena copa de vino tinto de Burdeos en un restaurante muy pintoresco y llamativo, llamado Drug Opera y situado en Rue Grétry 51.

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Atomium (vía Jesús Sánchez)

“Todavía recuerdo aquel paseo con maleta hasta el hotel, también cuando nos perdimos en aquella estación. Grabada a fuego tengo aquella noche en el tejado de aquel edificio gris: todos en pijama, abrigo y cerveza en mano, charlando hasta las tantas y sin importar nada más que el aquí y el ahora”.

 

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