EL CAMINO

Tiempo. El tiempo corre. El tiempo no se para ni un solo instante desde que ese desgraciado del médico nos da un cachete en la rabadilla para que lloremos, sintiendo este mundo nuevo e infinito. Se ralentiza, pasa volando o llega un momento en el que ni lo encuentras. Cuando esto pasa nos acompaña otra sensación: vértigo. Las decisiones se aceleran y las renuncias son inevitables; el dudar, también. Y las ansias de vivir. Todos queremos ser valientes. Que los sueños sean más fuertes que nuestros miedos. Cumplirlos. Llegar a nuestras metas, nuestros objetivos, el creer que existe una razón para estar aquí, ahora mismo, leyendo este post. ¿Qué rápido y sencillo parece todo, verdad?

Una vez más, el intelecto humano fracasa estrepitosamente. Sí, amig@s, nos explicaron que lo bonito es tener tu casa, una vida tranquila o hacer ese viaje que tanto esperabas realizar: pero no. No te cuentan la verdad, porque es mucho más que eso. Todo empieza por imaginarlo, el soñar con ello e idealizarlo. Todas las noches sigo imaginando que Venecia es perfecta, enamorado de ella y su historia, aunque mucha gente afirme que huele a perros muertos. El caso es, que todo empieza por la imaginación, y después le acompaña el deseo y el esfuerzo por conseguirlo. Solo tú sabes lo que es ahorrar cada mes una parte de tu mísero sueldo para conseguir tu recompensa; a lo mejor es un coche, no de primera ni de segunda… sino de cuarta mano, con el que te escapas hasta donde llegue su humilde carrocería. ¿Y la ilusión cuando lo ideaste, cuando buscabas en páginas web la mejor oportunidad?

Todo esto me sirve para decirte que tal vez, y solo tal vez, no sea tan importante el resultado. Quizás no sea ganar o perder ese partido, si no que tu equipo de segunda ascendió el año pasado. O quizás haya descendido. Quizás las risas del sábado son más importantes que el lunes laboral. Pero, ¿qué tal el camino? ¿Te está gustando? Tal vez lo esencial sea esto, porque posiblemente el resultado es como una quiniela en la que siempre acertarás diez, siempre querrás más o creerás que hay algo mejor. Seguro que sí.

Disfrútalo. Como cuando cogemos el coche por el placer de conducir. Como cuando pides una cerveza y te traen unas tapas gratis para acompañar el trago. Como cuando brindas para tener salud y seguir viendo a los que te quieren cerca. Como el atardecer que te sorprendió en la terraza, teniendo un examen al día siguiente. Aprende a saborear tus esfuerzos para conseguir aquello que quieres tanto como tus logros: porque una vez que lo tienes, estos solo son fuente de orgullo superficial y quedan reemplazados por otros planes. Quedan obsoletos. Porque nadie es conformista. Y quien lo afirme es un mentiroso o un bellaco.

En vez del “vivieron felices y comieron perdices”, qué tal si hablamos del cómo llegaron a ser “felices” y como se hicieron con esas “perdices”. El aquí y el ahora. En el momento que dejamos de pensar en lo que pasó y puede pasar, empezamos a disfrutar de lo que está pasando.

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Reloj de muñeca (Foto Jesús Sánchez)

 

 

 

 

Acerca de vchechublog

Documentalista perdido de la mano de Dios y soñador de grandes viajes con los que disfrutar en esta corta vida.
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