ALTEA, UN OASIS DE TRANQUILIDAD EN ALICANTE

Buenos días viajer@s, hace ya dos semanas que vine de unas pequeñas vacaciones en la Costa Blanca, en el Mediterráneo. El lugar en cuestión que visité se llama Altea, y es un pueblo situado a unos cuarenta kilómetros de la capital de provincia, Alicante.

Iglesia de Nuestra Señora del Consuelo (Vía Jesús Sánchez) 

Aquí os cuento también mi experiencia con el AVE, un tren de alta velocidad. La distancia entre mi origen y destino era de unos cuatrocientos kilómetros. El aburrimiento de cinco horas en coche no tienen nada que ver con las dos horas y media que tardó este tren. Un lujo, el viaje no se me hizo nada de pesado, y además el servicio es muy completo (te regalan inclusive unos cascos de audio para que puedas escuchar la película que transmiten dentro del transporte o que lo utilices con tus aparatos electrónicos. Una ventaja frente al avión es que puedes utilizar todo el rato los aparatos electrónicos sin que nadie te obligue a apagarlos (aunque el avión es muchísimo más rápido, por supuesto).
En un principio creí que sería el típico lugar para descansar, para practicar el turismo que les gusta a muchas personas, el de tirarte en la toalla en la playa con una cerveza y no hacer nada más. No sabéis la grata sorpresa que me lleve al ver que era un lugar realmente pintoresco, sin grandes edificios que rompen con la estética debido al ansia de hacer negocio y playas abarrotadas. El casco urbano es del típico pueblo costero, fachadas de cal y calles estrechas y ascendentes hasta llegar a la plaza de la iglesia que tiene una curiosa cúpula de cerámica vidriada en color azul marino con
motivos decorativos blancos muy distintivos, que es donde se encuentra el alma del pueblo. Los puestecillos, las tiendas de artesanía, todas abiertas hasta las doce o una de la madrugada, una gran ventaja, porque como sabemos, en Europa encontrar tiendas abiertas a esas horas es una posibilidad ínfima.  En fin, estuve tres días y en ninguno me dediqué solamente a descansar.
Existe también un museo situado en el casco antiguo en el cual la temática es la que podíamos esperar: el Mar. Me alojé en un palacete que data del siglo XIX, con altos techos y puertas de tres metros. El sitio era ideal y daba vistas a la colina en la que se situaba el centro urbano; también estaba casi en primera fila de playa, a unos doscientos metros de esta.
La única queja es que la playa tiene muchas piedras por lo que os aconsejo compañeros que llevéis unas buenas chanclas y una especie de patucos para poder disfrutar plenamente del lugar.

Acerca de vchechublog

Documentalista perdido de la mano de Dios y soñador de grandes viajes con los que disfrutar en esta corta vida.
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