IMPROVISAR Y PLANIFICAR, DOS OPUESTOS UNIDOS

¡Buenas noches hermos@s! Aquí os traigo mi nueva entrada: la improvisación y la planificación son realidades diferentes, pero pueden conjuntarse para que un viaje vaya de maravilla. Bien, esta es mi opinión, y espero que más de alguno de vosotros lo compartáis.
En primer lugar podemos decir que la improvisación es la esencia del viaje que todos anhelamos tener, queremos que nuestra vida tenga ese romanticismo, ese pequeño grano con sabor a aventura. Escapar de la rutina, desaparecer una temporada, perderse, no tener un destino fijo, hacer todo sobre la marcha… Libertad.
Todo esto es una idea formidable, la gente local te ayudará en tus objetivos y descubrirás novedades sorprendentes al perderse en lugares que hayamos elegido previamente con la ayuda de una agencia de viajes o directamente con vuestra propia experiencia de viajero.
Este método es una forma de viajar, sin embargo, existe otra: esta es la planificación. Dividir y ser objetivo en tu viaje también tiene sus puntos buenos, puesto que ahorras tiempo en tomar decisiones y tienes una idea de antemano para visitar el lugar que despierta curiosidad en ese pequeño “yo” que llevamos dentro. Esto nos dará un espacio libre que también podríamos combinar con lo que a todos nos gusta en general: perdernos. Dedicarnos unas horitas a disfrutar y a dejar que los sentidos lleven las riendas de nuestro viaje, pero sin perder el norte.
Es más, la planificación nos evitaría el riesgo de la última hora. “Que si nos dejamos esto, que si nos perdemos lo otro…”, en fin un montón de pequeños problemas que puedes tener si tu viaje tiene un limite en su estancia.
Si sabemos ecconomizar el tiempo y no andar sin sentido por las calles, podremos disfrutar más del lugar de destino, conocerlo más a fondo y poder disfrutar de los encantos más internos del lugar.
Yo creo que sería muy interesante combinar ambas formas de viajar. Imaginaos por tan solo un segundo que tras visitar este lugar y aquel de interés nos quedase tiempo para tomar un café en un establecimiento local o disfrutar de una charla con la gente de allí… En mi opinión, sería idóneo.
No hace falta ir corriendo a todos los sitios con una cámara colgada al cuello, ni tampoco ponerte un sombrero y un látigo y recorrer la ciudad a la aventura. El equilibrio es la clave, al menos en mi humilde opinión.
¿Y vosotros? ¿Cómo os gusta viajar más? ¿A la aventura o a la planificación? ¿O todo un poquito a la vez?

Acerca de vchechublog

Documentalista perdido de la mano de Dios y soñador de grandes viajes con los que disfrutar en esta corta vida.
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