OH LA LÀ, MON AMOUR

Bonjour mes amis! Je voudrais… Esto, perdón, quisiera contaros mi experiencia en París, a ver que nos depara la ciudad del romance y el amor. En primer lugar, he de decir que es la única ciudad en el extranjero que he visitado dos veces. La primera vez fui con el instituto, la segunda, por mi cuenta.
Sus elementos de carácter tan variopinto le dan un toque especial a esta urbe. Es un lugar caro, los precios son muy altos, en productos básicos y souvenirs también. Intenta comprar lo más alejado del centro, que es donde los precios aumentan.
La torre Eiffel, se impone sobre todos los demás edificios con su fachada firme de hierro para conmemorar la Revolución Francesa un siglo más tarde de que esta comenzara. A sus pies, se encuentran los campos de Mont Martre, que tienen una simetría maravillosa y se trata de un parque realmente encantador.
Si te encantan los museos de armas y sobre el arte de la guerra te recomiendo que eches un vistazo detenidamente al Palacio Nacional de Los Inválidos. Sus patios repletos de cañones y sus armaduras de todos los rincones del planeta te asombraran, a parte de que entre sus muros, antaño residencia de soldados retirados, contienen la tumba de Napoleón Bonaparte, el pequeño hombre que tuvo bajo sus pies media Europa y personaje simbólico de la Revolución.
Pasear alrededor de la ribera del río Sena es un placer en todos los sentidos, el romanticismo que emana la ciudad realmente es palpable; un aroma dulzón culmina la estampa, que parece de cuento.
Al atardecer, sobresalen los encantos de la Isla de la Cité. Se trata del corazón de la ciudad, la parte más antigua de esta. La mundialmente conocida catedral de Notre-Dâme donde los rosetones y vidrieras provocan mil emociones a nuestra vista, se ubica dentro de esta, así como el ayuntamiento de París, la Concergierie. Los puestecillos con postales libros y láminas abundan cerca, además que los souvenirs se encuentran en cada esquina. Siempre nos intentarán vender la típica Torre Eiffel en miniatura, así como sus llaveros; son muy típicas, pero también si sois buenos regateadores de precios (como alguno que conozco yo) os saldrán por dos eurillos las medianas-grandes y a 0,10 cent. cada llaverito.
Nos alejamos de la Isla, y vemos como las gárgolas de Notre-Dâme queda a nuestras espaldas. Si recorremos el río por la parte norte dirección oeste, nos encontraremos con el edificio que alberga en su interior el Museo del Louvre, el mayor museo mundial, con más historia y más capacidad existente de momento. Yo, que soy un obseso de la historia y de la humanidad, quedé realmente satisfecho e impresionado.
Si tiras bien de dinero y quieres irte de compras a tiendas con “glamour”, te recomiendo que recorras toda la avenida más importante de la ciudad. Está a continuación de unos parques al lado del Louvre, y tiene dimensiones bastante grandes. Un kilometro novecientos diez metros mide, y comienza desde la Plaza de la Concordia (donde hay un obelisco de caracter egipcio) hasta llegar a la rotonda que más tráfico y caótica me ha resultado ver en mi temprana edad. Ocho carriles tiene la glorieta del Arco de Triunfo, erigido en honor a aquellos soldados que llegaron ilesos, tullidos y aquellos que nunca lo hicieron.
Finalmente, y si los pies no se te pierden por el camino después de toda esta caminata, te recomiendo subir al norte de París de noche, y pasear por el barrio en el que se ubica el tópico del Moulin Rouge. Entre estas calles desembocarás ante un precioso edificio de cúpulas suaves y blancas erigido encima de una colina de un color verde frondoso. Se trata de Sacre-Coeur, (Sagrado Corazón). Las vistas son inolvidables. Al lado de este precioso edificio puedo decir que me enamoré por primera vez… de un lugar. El barrio bohemio es un lugar que yace al lado de este edificio vestido de un blanco tan puro que no tengo palabras para describirlo. En la calle se sientan los pintores, hacen retratos y dibujan, ausentes y ajenos a lo que sucede a su alrededor. La música suena, los edificios son de otro mundo, parece que el tiempo se ha detenido en aquella plaza. Los souvenirs más típicos de este lugar son las bonitas láminas apostadas en cada entrada de cada local. Los cafés allí tienen otro sabor, más que nada por el contexto en el te encuentras. En definitiva, un lugar en el cual perderse.
Si vosotros habéis visitado París, sabéis a lo que me refiero, si no, os recomiendo encarecidamente que vayáis, al menos una vez en la vida. À
bientôt!

Acerca de vchechublog

Documentalista perdido de la mano de Dios y soñador de grandes viajes con los que disfrutar en esta corta vida.
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