MARUGÁN: NOS ESTAMOS CARGANDO EL PLANETA

Hola chic@s, empezaré hablando sobre un hecho que ha cambiado mi forma de ver el entorno en el que nos movemos. Podríamos decir que un pequeño pueblo de España llamado Marugán ha abierto profundas dudas e inquietudes dentro de mí. Hoy no os traigo quizás un viaje glamuroso como NY, París o Londres. Quizás, incluso, ni lo consideréis un viaje como tal. Pero debéis saber que cada vez que atravieso la sinuosa carretera con el frondoso pinar que arropa al Puerto de los Leones, el tiempo se detiene. Me invade una sensación indescriptible, como si volviera a renacer una parte de mí. Ese contacto con la montaña y su naturaleza tan salvaje es tan solo el principio de algo mayor. Dejando atrás estos paisajes tan agrestes y comunes de la sierra madrileña, nos adentramos en la España Profunda.

Desde la N-VI, tras descender el puerto, desembocando en el precioso pueblo de San Rafael, donde sus bares y su calle principal son la principal atracción de este pueblo atrapado en el tiempo, debemos continuar nuestro camino. Pasando por la SG-V-7222, que atraviesa el pueblo de Navas de San Antonio, nos queda incorporarnos a la N-110 hacia el norte, aunque no te despistes, que el desvío hacia la SG-322 es el próximo.

Esta última carretera, estrecha y con un pavimento más que pobre nos llevará, tras Honrubio, al pueblo de Marugán.

A través de un pinar, donde se encuentra la urbanización nueva. Un poco más adelante está el pueblo y su fabuloso casco antiguo de típico pueblo castellano.

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El pinar de Marugán (Marugán, vía Jesús)

Tal vez, algunos lo llamen turismo rural o turismo ecológico, pero para mí es mucho más: la oportunidad de reencontrarme a mí mismo en el sentido más profundo, de donde vengo, lo que quiero y lo que soy. Quizás me llamen exagerado, pero es lo que servidor siente al “conectar” con un entorno tan diferente al que le rodea a menudo. Esta escapada la solemos hacer más de diez personas, y cada vez que repetimos volvemos como nuevos, como si nos hubieran cambiado la energía. Sus árboles, su noche, sus estrellas, su frío en invierno, su fresco en verano… las partidas de póker.

Pero la última vez que fuimos, hubo algo que me impactó. Marugán es el pueblo de un amigo mío, conocía un sitio muy singular al que nos llevó. Se trataba de una pequeña laguna donde los pescadores se reunían para faenar debido a la cantidad de peces del lugar, rodeado de una arboleda que se extendía hasta el horizonte de un atardecer brillante. Por desgracia, hoy no es así: debido a un proyecto urbanístico (apostaría a que se concedió durante la época de la burbuja inmobiliaria, cuando estaba en plena ebullición), el lugar a cambiado radicalmente.

De la verde y extensa arboleda, queda un claro de arena, hormigón y cemento; casas a medio hacer  distribuidas aleatoriamente alrededor de la que fuera antaño una laguna de aguas azules y peces vivos, y aquí viene lo peor: el lugar es una charca verde, forrada de plástico negro que hace las veces de impermeable, pero a los ojos de cualquier humano parece una bolsa de plástico enorme con agua dentro, y desgraciadamente, sin ningún indicio de vida en su interior (y si lo hubiera, pobre ser vivo que lo habite).

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Orilla de la laguna (Marugán, vía Jesús)

¿Cómo somos capaces de ver estas cosas y pensar que el cambio climático, la destrucción de los ecosistemas, sostenibilidad, medio ambiente y etc., es una broma de mal gusto? ¿Cómo podemos desviar la mirada del problema y no hacer nada? ¿Las empresas no se darán cuenta que el beneficio sin control desembocará en una crisis humanitaria, y lo menos preocupante sería el plano económico? Supongo que siempre habrá personas que por encima de la ética desearán su bien propio a cualquier precio, olvidándose de lo más importante: el planeta. ¿Qué pensáis vosotros? ¿Tendríais alguna idea para evitar que algo como la laguna de Marugán sucediese?

El ejemplo de Marugán es uno más de otros tantos que suceden alrededor del planeta, pero quería compartirlo con vosotros, porque al fin y al cabo, creo que por poco que sea, bueno es contarlo.

Especial agradecimiento a Miguelito, por su buen hacer y su hospitalidad, como siempre. A veces lo más pequeño es lo que te impacta más. Gracias Marugán, por abrirme los ojos.

 

 

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EL MEJOR SALMOREJO DE SANLÚCAR DE BARRAMEDA

¡Hola viajer@s! Hoy os traigo noticias del sur, más concretamente de un pequeño pueblo de Cádiz, denominado Sanlúcar de Barrameda.

Permitir que me haga pasar por pedante durante unos segundos: este enclave geográfico, situado en la desembocadura del río Guadalquivir, cuenta con actividad comercial desde la época de los fenicios, cuando estos decidieron establecer un asentamiento clave para sus idas y venidas por el Mediterráneo y parte del Atlántico, edificando un templo dedicado a Astarte, diosa del amor y fecundidad.

Desde la playa de Sanlúcar se puede observar el parque nacional de Doñana, donde destacan sobre todo las marismas junto a otros ecosistemas y una biodiversidad única.

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Fuente de la Plaza del Cabildo, Sanlúcar de Barrameda (vía Jesús Sánchez)

Este pueblo tiene varias atracciones turísticas, entre las que destacan la Plaza del Cabildo y el castillo de Santiago. Para entrar en el castillo se necesita una entrada que cuesta 8€ y dentro de este enseñan la historia de este, vestimentas y costumbres de la época que se edificó. He de decir que lo que más me llamó la atención fue la Plaza del Cabildo, un lugar lleno de vida y de terrazas. Además alrededor de la plaza hay muchos puestos que redondean un ambiente perfecto para las tardes y noches del verano. Además cerca de la propia plaza existe otra más pequeña como la de San Roque en la que hay una pequeña capilla y el ambiente es mucho más íntimo que en la anterior.

Para mi, sin duda lo más auténtico es el ambiente, no hay mucho turista y allí donde tomamos el aperitivo había un cantante de flamenco y otro que daba las palmas, haciendo que nos quisiéramos quedar toda la tarde disfrutando del panorama.

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Papas con melva, otro aperitivo muy común en Sanlúcar (vía Jesús Sánchez)

Sanlúcar, además de ser conocido internacionalmente por sus carreras de caballos en la playa de la ciudad, espectáculo sin precedentes que no tuve el placer de presenciar (se dan solo durante dos fines de semana en agosto), a partir de hoy lo será por su salmorejo.

Este prodigioso manjar andaluz (¡tomarlo a coña, pero estaba riquísimo amig@s!) consta de varios ingredientes, entre los que destacan el tomate, ajo, aceite de oliva, jamón y huevo duro. El más conocido es aquél que se elabora en la provincia de Córdoba, pero os aseguro que el que probé en el restaurante llamado Barbiana no tiene nada que envidiarle.

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Salmorejo del Barbiana (vía Óscar Sánchez)

En definitiva, he de decir que el vino blanco que tomamos allí y la manzanilla típicos de aquella parte de Andalucía estaban buenísimos y le pedimos al camarero que nos vendieran dos botellas, porque el hombre nos explicó que era cosecha propia del dueño del bar.

Si pasáis por allí, no dudéis en visitar la Plaza del Cabildo y algún bar colindante, ¡porque el ambiente y el sabor de las tapitas es único y merece muchísimo la pena! ¡Feliz comienzo de semana amig@s!

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BUCEO EN CALPE

¡Muy buenos y veraniegos días amig@s! Hoy vengo a hablaros de un hecho realmente interesante (al menos para mi persona en particular) y tiene que ver con una experiencia bajo el mar (¡y no, no fue hacer pis en la playa!): se trata de mi bautizo y primera clase de buceo en las costas que bañan Calpe y su famoso Peñón de Ifach.

Fíjate tú como son las cosas, nunca en mi vida había pensado en bucear, porque creí que no sería capaz de mantener una respiración constante con una bombona a la espalda sin utilizar la nariz, y además nunca antes me llamó la atención. Sin embargo, después de esta experiencia solo puedo afirmar que estaba equivocado, tanto en lo primero, como en lo segundo.

En primer lugar, avisaros que lo que encuentras debajo del mar no tiene que ver con nada que hayas visto por encima de la superficie. Es como entrar en otro mundo totalmente distinto. Lo que parecen algas bajo el agua se convierten en enormes arbustos y algún resto de lo que fueron antiguas embarcaciones. Peces de colores azules eléctricos y amarillo fosforito (sí, parecían parientes de Dori). ¡Estrellas de color rojo intenso e incluso un mini-pulpo que nos escupió tinta a la cara!

A todo esto, realicé estas actividades gracias al centro de buceo Les Basetes, ubicado en la costa de Benissa, en Alicante. Son unos grandes profesionales y como tales te enseñan a ser autosuficiente debajo del agua. El bautizo y una experiencia cerca del peñón valen 85€ con el alquiler del equipo y te ocupa toda la mañana. Creo que son de los mejores 85€ invertidos de mi vida.

Durante el bautizo nos enseñaron a solucionar los problemas básicos y más peligrosos que pueden causarte mayores incomodidades, por decirlo de manera más suave. Entre ellos entraba una situación en la que perdías la boquilla a través de la cual respiras, otra en la que se te metía agua dentro de las gafas de buzo, aprender a comunicarse a través de señales, etc. Durante este primer bautizo, realizado cerca del centro, estuvimos a unos 6 metros bajo el nivel del mar, la segunda se realizó al lado del peñón de Ifach, a unos 10-11 metros de longitud bajo el mar. Durante la primera experiencia, vimos una estrella de mar increíble, y el famoso mini-pulpo que roció de tinta al monitor que nos guiaba.

Estrella de mar (vía Les Basetes)

En nuestro segundo particular asalto, nos tiramos de la barca en la que nos trasladaron más lejos de la costa de espaldas. Yo perdí la aleta izquierda tres veces, pero logré apañármelas para que esto no fuera un impedimento a la hora de sumergirme. He de advertiros que durante el descenso debes hacerlo de manera pausada y con cuidado por la presión que sufren los oídos (os lo digo yo, que sentí como si me los hubieran pinchado cuanto más abajo llegaba y tuve que aguantar dos minutos antes de descender por completo). En este caso, es muy necesaria la maniobra de Valsalva, que se trata de pinzarte la nariz obstaculizando la salida de aire para que este se acumule dentro del oído medio, y así regularizar la presión exterior con la interior (como cuando te tirabas a la piscina con la nariz tapada, seguro que eso sí que lo has hecho).

El truco cuando estás allí abajo es respirar con total normalidad, como si estuvieras en la superficie, pero a través de la boca. De esta manera ahorras oxígeno de la botella.

Bautismo en buceo (vía Les Basetes)

Cuanto más abajo estás, lógicamente más oscuro está el mar, salvo unos peces de color azul eléctrico con líneas amarillas un tanto fluorescentes. Desafortunadamente, no tengo fotos de estos últimos, pero me parecieron espectaculares. Una vez se acabó la experiencia, solo me quedó la espinita de no sacarme el curso completo. Y todo esto es gracias a las ganas contagiosas de las personas adecuadas, con las que aprendes que los límites que te impones están para saltártelos.

Amig@s viajeros, os aseguro que es una experiencia única, y no dudaría en repetir ni un solo instante. ¡Que el calor (o el frío, nunca se sabe en este planeta) os sea leve!

Debajo del mar – y ponle la banda sonora de la sirenita-  (Vía Jesús Sánchez)

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