VIAJAR A ISLANDIA: DÍA 2. CÍRCULO DORADO Y CRÁTER DE KERID

El segundo día de este maravilloso viaje lo dedicamos a descubrir el famoso Círculo Dorado que se encuentra cerca de la capital islandesa, Reikiavik. Este consta de los tres siguientes elementos: el parque nacional de Þingvellir, el área geotérmica de Geysir y la enorme cascada de Gullfoss como colofón a esta excursión tan impresionante.

Amanecimos a las 08:00 AM, en el apartamento, la luz del sol se colaba entre las cortinas oscuras (si no lo he comentado antes, los nórdicos no incluyen persianas en su casa, no lo consideran tan necesario como recibir la poca luz de sol que tienen disponible) y nos esperaba un nuevo día: no había tiempo que perder. Nos tomamos un buen café acompañado de unas galletas que estaban deliciosas, ¡no me preguntéis sobre ellas porque no recuerdo el nombre, solo sé que eran de vainilla! Maldita memoria… Y enseguida nos pusimos en marcha.

  1. El parque nacional de Þingvellir es la primera parada:

    Parque nacional de Þingvellir (vía Jesús Sánchez)

    un conjunto de características geológicas únicas con una fuerte carga socio-cultural, ya que los primeros pueblos vikingos se reunían y hacían vida social en este lugar. Se encontraban entre dos paredes rocosas verticales que hacían las veces de murallas naturales que les protegían en cierto modo de ataques externos. Fue el primer parlamento oficial de toda Islandia. También se hallaba cerca la residencia de verano del primer ministro islandés. Una vez vimos este pequeño tramo histórico-social de la isla, tocaba poner rumbo a Geysir, pero no sin antes hacer constar que la carretera que lleva a este segundo destino a través de este parque nacional tiene un paisaje único y espectacular, destacando las formas rocosas, el color de la tierra y la vegetación tan característica del lugar.

  2. Como podéis imaginar, Geysir es lo que en castellano conocemos como géiser. 

    Geysir (vía Jesús Sánchez)

    El agua alrededor borbotea debido a las altas temperaturas que alcanza en el interior de la tierra, y cada diez o quince minutos estalla dejando paso a una columna de vapor y agua que asciende unos 18 – 20 metros en vertical, y esto combinado con la luz diurna nos regaló la maravillosa ilusión de formar un pequeño arcoíris durante unos segundos. Cuentan que en la antigüedad hubo un géiser cercano al actual que estallaba con tanta fuerza que la columna de agua que expulsaba llegaba hasta el cielo (evitando las exageraciones de los antiguos, unos 160 – 180 metros de alto), pero gracias a la “prodigiosa” mano del hombre, se enterró esta maravillosa leyenda que hoy ya no existe (en qué momento, señor, en qué momento se nos ocurrió tapar esta maravilla de la naturaleza). En fin, dejando a parte las burradas de los seres humanos y su manía de destrozar todo lo que toca, cogimos el coche rumbo a la última parada obligada del día.

  3. Gullfoss: la primera cascada de nuestro viaje ¡Qué nervios! Aparcamos y cuando bajamos, la humedad era palpable en el ambiente… ¿Y sabéis que es lo primero que hicimos tras aparcar? Sacar el camping gas y cocinar unas sopas, que el hambre apretaba (y teníamos que probar de cuán potente era el cacharro para resistir el frío. Como el caldo entró bien y calentó el cuerpo… (nota mental: comer a 4 grados centígrados a la intemperie hace que la sopa se enfríe en cinco segundos, cuidado), le dimos el aprobado al cachivache. Una vez terminada la pausa, nos asomamos al borde del acantilado, ¡y qué espectáculo! tres saltos daba el río, caudaloso como él solo, el último de ellos caía en una grieta sin fondo (dejadme exagerar un poquito, por favor) que se hace más profunda año tras año. El agua avanzaba brava y y con rapidez, rebosando espuma  liberando una niebla húmeda que se dibujaba en el ambiente dotando al lugar de un encanto que todo el mundo debería de conocer. Lo malo es que es una de las cascadas más visitadas por turistas así que como os imagináis está lleno de personas haciendo selfies o viendo el agua caer.

Cataratas Gullfoss (vía Jesús Sánchez)

Cuando terminamos de ver Gullfoss, ya eran las cinco de la tarde y claro, aún nos sobraban un par de horas hasta que anocheciera por completo. Mirando en el mapa, vimos que cerca de nosotros, de camino de vuelta a Reikiavik, había una catarata increíble llamada Selfoss así que decidimos ir a visitarla.

Tras 40 minutos, llegamos al lugar, que resultó ser un desastre… ¡Era un pueblo, no una catarata! ¿Cómo diablos se les ocurre poner el nombre de una catarata a un pueblo? Y sí, la catarata existe, pero en la otra punta de la isla. Epic fail.

Cráter Kerid (vía Jesús Sánchez)

Pero tranquilos, en mi equipo de viajer@s contaba con mentes maravillosas y espontáneas. Entre ellas, Nerea, buena amiga y en breves colaboradora del blog, encontró un cráter imponente a unos diez minutos de donde nos encontrábamos. El lugar se llamaba Kerið, y las vistas desde la cima eran de lo más peculiar. La tierra tenía distintos colores, entre los que más destacaban el marrón y sorprendentemente, el rojo. A pesar de la opacidad del agua, es poco profundo, pero merece la pena visitarlo. A veces, la improvisación es esencial para que los viajes sean únicos. Pagas 400Isk (3€) por persona, pero nos sorprendió gratamente.

Tras esto, y viendo que anochecería pronto, volvimos sobre nuestros pasos y regresamos al apartamento de Reikiavik, con la convicción de que esto solo era el principio de algo más grande.

 

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VIAJAR A ISLANDIA: 1 DÍA.

Aún estoy asimilándolo y no creo que sea plenamente consciente hasta que pasen los días. Estoy escribiendo esto en la cola de facturación  del avión que me llevará de regreso a Madrid. Sí, estoy fuera, en Keflavik, aeropuerto low cost de Islandia: la tierra del hielo y del fuego. Acabo de pasar siete días en la isla, y sigo pensando que ha sido uno de los grandes viajes de mi vida.

Todo comenzó con la alocada idea de querer cruzar el charco de nuevo. Resultó ser un plan frustrado debido al sargazo (estas algas que han aflorado últimamente en las costas de Riviera Maya y varias playas caribeñas). Sin embargo, en mi cabeza había otro destino rondándome la cabeza desde hace tiempo. Un destino mucho más frío , más salvaje y más nórdico: Islandia.

Siempre me ha atraído esta cultura, mucho menos conservada (muy a nuestro pesar) que otras, como la latina o la griega… pero con elementos igual de extraordinarios, increíbles e incluso más atractivos debido también al misterio que suscitan.

Dicho esto, crucé el Atlántico, sí, pero en otra dirección: el norte.

He de avisar de que los horarios frecuentes desde Madrid hacia Keflavik son a altas horas de la madrugada (cosa que querrás evitar, pero créeme que no te importará cuando veas el resultado de tu visita a este país). Aterrizamos a la 01:00 AM de la mañana. El sueño se palpaba en el ambiente, pero antes había que recoger el 4×4 en el que nos moveríamos por todo el sur de la isla.

¡INCISO! Si contrataste un seguro en la península para este coche, lo mejor que puedes hacer es tener una tarjeta de crédito (sí, crédito, no débito o prepago) como seguro de que podrás pagar cualquier estropicio o accidente que puedas tener. Si no la llevas, te clavaran y tendrás que pagar su propio seguro de cobertura para el coche. Así que si no queréis una sorpresa (o sorpasso) desagradable en la cuenta, ¡id con tarjeta de crédito!

Viajero del Sol (vía Jesús Sánchez)

Bueno, seguimos con nuestro recorrido. Nos ofrecieron un Suzuki Vitara (previamente avisados de que el seguro no cubría si el viento nos arrancaba las puertas de cuajo, si se abollaba el techo o si los bajos del coche sufrían daños… *y era seguro premium, según decían amigos*) con el que recorreríamos todo el sur de la isla.

Llegamos al hotel situado en Asbrú (a unos 10 minutos del aeropuerto) a las 2:30 AM. Antes de acostarnos, creo que vi el cielo más iluminado por estrellas que he visto en mi vida, la contaminación lumínica era escasa y estaba despejadísimo. Caímos rendidos después de todo el día danzando. Y hasta aquí el día 0.

El día 1 comienza con el desayuno en Asbrú, que estaba incluido en el precio del hotel, pero no era nada del otro mundo. Aquí solo pasaríamos esta noche, la siguiente parada estaba en Reikiavik, que sería un apartamento. Recogimos de nuevo todos los bártulos y nos pusimos en camino.

Nuestra primera parada de otras tantas fue un lugar donde las placas tectónicas de Europa y América se juntan, Miðlína (o puente entre América y Europa). La tierra es curiosamente negra, debido a su origen volcánico y podemos ver con claridad donde se fragmenta la tierra en las dos placas. Dicen que cada dos años se separan unos 10 cm.

La siguiente de nuestras paradas fue

Krýsuvík (vía Jesús Sánchez)

Krýsuvík, una de las zonas con mayor temperatura del país, cosa que queda bastante clara si contamos con los manantiales de agua y azufre que afloran hirviendo desde las entrañas de la tierra. Se puede recorrer a través de senderos y plataformas de madera. Que no os eche para atrás el intenso olor a huevo podrido que proviene del azufre, ¡la visita merecerá la pena! 

La última visita de la mañana fue al Blue Lagoon o Bláa lónið, y creo que es la primera vez que veo un azul cián tan intenso como el que vemos en el cielo. El contraste entre las rocas negras y un color tan inusual como el que tenía este lago, junto al vapor que emanaba del agua caliente te deja sin palabras. Una imagen vale más que mil palabras, así que por aquí os dejo una foto que lo corrobora.

Edificio Harpa, que alberga todo tipo de conferencias y conciertos (vía Jesús Sánchez)

Al mediodía nos instalamos en el apartamento en el que estaríamos por dos días en Reikiavik. Una vez comidos y tomado el café de rigor, nos acercamos por la tarde al centro de la ciudad. Algunos datos objetivos son los siguientes: su población es de 121.960 habitantes (2015), 1 un tercio de la del país. Es una de las ciudades más limpias, verdes y seguras del mundo. Las casas son coloridas, como sacadas de cuento (a decir verdad, eran como pequeñas tiendas de IKEA. Todo tan nórdico y simple, tan elegante…). Algo que me impresionó es que las fachadas eran de chapa, ventanas grandes y sin cortinas. La intimidad dentro de las casas es asombrosamente escasa, ¡no piensan que nadie vaya a curiosear!

Hallgrímskirkja (vía Jesús Sánchez)

Visitamos la Hallgrímskirkja, imponente iglesia luterana y de singular arquitectura, recordando a las estructuras de las rocas que parecen columnas hexagonales que son tan características de la playa de Vik o de la cascada de Svartifoss. También aprovechamos para ver el Viajero del Sol (una especie de representación de una nave vikinga) y el Harpa. Este último es un edificio moderno que alberga la mayoría de conciertos y conferencias de cierta importancia que se den en la capital, y la verdad que es bastante llamativo.

Finalmente, el primer día terminó en el apartamento, pensando que esto solo era el principio de uno de los grandes viajes que haré en esta corta vida.

 

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DÍAS CONTADOS: GLACIARES DERRETIDOS E INCENDIOS EN EL AMAZONAS

En estos días, es la primera vez que se da por muerto a un glaciar de manera oficial en nuestra era: el glaciar islandés Okjökull. En 1901 ocupaba alrededor de 38 kilómetros cuadrados, según informa la Nasa. Setenta y siete años después, en 1978, el glaciar contaba con solo 3 kilómetros cuadrados y, hoy en día, alberga menos de un kilómetro cuadrado de hielo. Lo único que nos quedará es una placa conmemorativa de ello. Mientras, en la otra punta del planeta varios incendios que parecen provocados por el ser humano arrasan el mayor pulmón verde del planeta, concretamente en la región de Amazonia. El Amazonas está siendo calcinado por intereses meramente económicos.

Que el mundo se esté muriendo no es ninguna novedad. Y que la mano del hombre es la culpable, tampoco. Aquél que lo niegue es un ciego, y no solo me refiero a la vista, sino también al corazón. Las especies se extinguen, cebamos a los animales, contaminamos el agua, explotamos campos y bosques sin responsabilidad. Apenas llueve y donde lo hace, diluvia llevándose todo por delante. Los pantanos se secan, las temperaturas suben y no dan respiro alguno.

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Muerte del glaciar Okjökull (vía Prensa)

El horizonte, de un color cián antaño, ha pasado a ser una bruma de color gris, donde se difuminan las sombras de aquello que un día fue. La toxicidad de este aire, la multiplicación del efecto invernadero… El calentamiento climático es inevitable, tan solo podemos reducir nuestro impacto, pero es irreversible el daño que se le ha hecho al planeta hasta ahora. Se debería empezar a ser más consciente de nuestros actos y sus consecuencias, y si la economía es el mayor motor del planeta, necesitamos enfocarla hacia la sostenibilidad y la ética medioambiental para intentar cambiar esta situación a la que nos enfrentamos. La desaparición de los glaciares y los polos, junto con la subida del agua será una realidad en pocos años, al igual que la desaparición de fauna y flora.

El egoísmo de nuestras generaciones es abismal e insalvable en muchas ocasiones: necesitamos cambiar el punto de mira. En Brasil, los ganaderos y otros sectores relacionados con la deforestación del mayor pulmón de oxígeno del mundo, están quemando el Amazonas. Lo realizan a través de “queimadas” , que suelen provocarse sobre todo durante el mes de agosto. Estas se han multiplicado ante la pasividad de su nuevo presidente de gobierno, Jair Bolsonaro. Este que critíca al Instituto de Investigación Espacial de Brasil (INPE) que a su vez, indica que los incendios han aumentado un 83 por ciento respecto al mismo periodo de 2018. En 2019 esta agencia estatal ha registrado 72.843 incendios, el número más alto desde que se alcanzó el anterior récord en 2013. Entre el 15 y el 20 de agosto, los satélites contabilizaron 9.500 focos de estas queimadas. Tanto es así, que estos días en Sao Paulo el cielo se oscureció a las tres de la tarde.

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Sao Paulo bajo el humo de los incendios provocados en el Amazonas (vía RPP)

Sin embargo, el ser humano es hipócrita: ¿cómo es posible que un edificio que representa el dogma de la fe (y lo respeto, cuidado) como la catedral de Notre-Dame recibiera 390 millones de dólares en tan solo dos días por el incendio que sufrió, y el Amazonas lleva ardiendo 17 días y no se ha recibido ninguna ayuda destacable para paliar este desastre? Tenemos un serio problema de prioridades, cuando salvamos antes a los ídolos y religiones que a nuestras fuentes principales de vida.

“Sólo cuando el último árbol esté muerto, el último río envenenado, y el último pez atrapado, te darás cuenta que no puedes comer dinero.” – Sabiduría indoamericana

En 1990, declararon poco probable que las actividades de la humanidad afectara al planeta, hoy en 2019 es una certeza: solo queda una pregunta que hacernos, ¿hasta donde llegaremos sin poner verdaderas medidas (drásticas) que se deben de tomar? ¿Hasta cuando haremos oídos sordos a lo que la madre tierra está sufriendo? ¿Qué se os ocurre para frenar este desastre? ¿Qué opináis sobre el cambio climático, que medidas tomaríais frente a estas situaciones? Lo que está claro es que seguimos por este camino, solo os puedo anticipar una cosa: tenemos los días contados.

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El incendio del Amazonas visto desde un satélite de la NASA (Vía La Vanguardia)

 

 

 

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